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Hoy se celebra el Día Blanco en honor a las personas con discapacidad

La indiferencia social y la falta de compromiso del Estado hacia esa población son los principales problemas que enfrentan, según Jenny Gómez, directora de la Fundación Acphes.

Cuando llegó a hacer sus prácticas universitarias en una institución de la Beneficencia de Cundinamarca donde atendían a un grupo de niños con discapacidad mental, en Bogotá, Jenny se encontró con un panorama desolador que la marcó de por vida.

Por un angosto y oscuro pasillo, vio cómo los niños deambulaban de un lado para otro. Allí, explica Jenny, solo se limitaban a darles comida. Nada más. Nunca un abrazo ni una sonrisa, y menos un tratamiento que les permitiera mejorar sus condiciones de vida.

Eso ocurrió en febrero de 1988, cuando Jenny estudiaba psicología. Conmovida, siguió indagando e hizo una investigación con 800 padres de niños con algún tipo de discapacidad de todo el país, y descubrió que para estos, sus hijos eran algo así como una maldición.

“Los escondían como en guetos nazis. Los encadenaban. Los rechazaban y los maltrataban. Sentían vergüenza por ellos, y hasta los abandonaban”, recuerda.

Fue en ese entonces cuando decidió que dedicaría su vida a trabajar por esta población, y creó la Asociación Colombiana de Padres con Hijos Especiales (Acphes), que vela por restituirles los derechos a los niños que nacen con alguna discapacidad Y también creó, en la misma época, el Día Blanco, que cumple hoy 20 años, en homenaje a estas personas.

Aunque las cosas han cambiado en las últimas dos décadas, asegura que aún falta mucho camino por recorrer para que estas personas alcancen una vida digna.

¿Cuáles son los principales problemas?

La indiferencia de la sociedad, y la falta de compromisos de algunas entidades gubernamentales. El país tiene que entender que los derechos de los discapacitados no se deben mendigar.

¿Acaso no hay legislación al respecto?

Sí, claro, mucha, pero se queda en el papel. Por ejemplo, la anterior administración distrital diseñó una política completísima que incluye salud, recreación y accesibilidad, pero no ha arrancado. Ese debe ser un compromiso del actual alcalde (Samuel Moreno).

¿Qué más falta por legislar?

La ONU emitió una convención en diciembre de 2006, como un llamado a los países para que les restituyan todos los derechos violados a las personas con discapacidad. Ya lo han firmado muchos países, entre esos México y Panamá.

¿Y por qué Colombia no lo ha firmado?

Es un tema que, además de compromiso y sensibilidad, requiere de una importante asignación presupuestal. La convención entrará en primer debate en el Congreso de la República, y esperamos que llegue a feliz término.

¿Entonces, no hay avances?

Sí los hay. Se han abierto espacios dentro del ámbito laboral, profesional y tecnológico. Pero hay todo un camino por recorrer. La discriminación y la falta de accesibilidad no cesan.

¿Qué pasa con el acceso al trabajo?

Así la persona discapacitada sea profesional, si llega en silla de ruedas, muchas empresas les cierran las puertas. Y en otras sí los emplean, pero los explotan: no les pagan igual que a los demás por su condición.

¿Y con la accesibilidad?

Hay legislación que establece que los espacios urbanos y el transporte público deben estar adecuados, y eso no ocurre. Los buses y taxis no le paran a una mamá con su hijo en silla de ruedas, ni a un ciego con su bastón. Movilizarse por la ciudad es un vía crucis para estas personas.

¿Y con la salud?

El Gobierno no cuenta con instituciones públicas que les brinden tratamientos especializados y permanentes. Una persona sorda y enferma, que llega a un hospital, nadie le va a entender porque nadie conoce la lengua de señas. Además, las instituciones privadas y especializadas son muy costosas.

¿Qué recomienda?

Entre otras cosas, prevenir. Hay campañas contra el tabaquismo, contra el sida, pero no para prevenir la discapacidad, algo que se puede hacer a tiempo desde el embarazo. Y sobre todo, sensibilizarse con el drama de estas personas.

REDACCIÓN VIDA DE HOY.